DISFUNCIÓN ERÉCTIL

Hombres con Disfunción Eréctil

DISFUNCIÓN ERÉCTIL

Hombres con Disfunción Eréctil
En mi consulta de sexología de Barcelona, me han preguntado en varias ocasiones sobre el porcentaje de hombres que padecen Disfunción Eréctil. Este dato es difícil de precisar porque muchos hombres no explican esta problemática a nadie. Para el varón es un tema muy difícil y angustioso, que nos toca muy adentro, y que habitualmente vivimos desde el silencio.

Algunos hombres dejan pasar años hasta explicar su trastorno a un profesional, si es que llegan a hacerlo algún día. Otros acuden a consulta arrastrados por su pareja. Y otros se presentan cuando su relación de pareja está al límite o ya se ha roto.

Aunque cada hombre y cada caso sean distintos, es común vivir la Disfunción Eréctil de una forma muy sufrida; y no es para menos. Con el paso del tiempo, se pueden romper los vínculos afectivos de la pareja y pueden aparecer graves problemas de autoestima, incluso hasta llegar a la depresión mayor. La Disfunción Eréctil es una problemática a la que se debe rendir la importancia y la atención que realmente se merece.

Es habitual que algunos clientes lleguen a mi consulta creyendo que su caso es excepcional. Pero aunque no todos los casos de Disfunción Eréctil son iguales, le puedo asegurar a usted que la mayoría son parecidos. Las diferencias básicas difieren en la gravedad de los síntomas y la frecuencia en que estos se presentan. En mi consulta de sexología, la mayoría de casos los califico de «estándar». Con los años, sí he encontrado circunstancias concretas que son realmente excepcionales, pero representan una minoría poco significativa.

Curiosamente, sobre la Disfunción Eréctil existe la etiqueta social de ligarla a la vejez. Pero esto es un error. Con los años, en consulta voy conociendo a hombres cada vez más jóvenes con esta problemática. ¡Jóvenes menores de 20 años! La Disfunción Eréctil no es un problema de la vejez. Es cierto que las personas ancianas van desarrollando, debido al paso de los años, una reducción en la firmeza de su erección, pero eso no es una disfunción, sino el envejecimiento natural de las personas. La palabra «disfunción» significa que hay un trastorno o alteración del funcionamiento normal.

Es una lástima que muchas personas no sean conscientes de que la solución a esta problemática acostumbra a ser más sencilla de lo que creen. Es una auténtica pena que haya parejas que rompan su relación por este tema y que algunos hombres puedan llegar a un estado anímico realmente bajo.

Con esta web quiero y deseo poder ayudar a muchas parejas.

Jordi Pons

INTRODUCCIÓN

En mi consulta de sexología de Barcelona, me han preguntado en varias ocasiones sobre el porcentaje de hombres que padecen Disfunción Eréctil. Este dato es difícil de precisar porque muchos hombres no explican esta problemática a nadie. Para el varón es un tema muy difícil y angustioso, que nos toca muy adentro, y que habitualmente vivimos desde el silencio.

Algunos hombres dejan pasar años hasta explicar su trastorno a un profesional, si es que llegan a hacerlo algún día. Otros acuden a consulta arrastrados por su pareja. Y otros se presentan cuando su relación de pareja está al límite o ya se ha roto.

Aunque cada hombre y cada caso sean distintos, es común vivir la Disfunción Eréctil de una forma muy sufrida; y no es para menos. Con el paso del tiempo, se pueden romper los vínculos afectivos de la pareja y pueden aparecer graves problemas de autoestima, incluso hasta llegar a la depresión mayor. La Disfunción Eréctil es una problemática a la que se debe rendir la importancia y la atención que realmente se merece.

Es habitual que algunos clientes lleguen a mi consulta creyendo que su caso es excepcional. Pero aunque no todos los casos de Disfunción Eréctil son iguales, le puedo asegurar a usted que la mayoría son parecidos. Las diferencias básicas difieren en la gravedad de los síntomas y la frecuencia en que estos se presentan. En mi consulta de sexología, la mayoría de casos los califico de «estándar». Con los años, sí he encontrado circunstancias concretas que son realmente excepcionales, pero representan una minoría poco significativa.

Curiosamente, sobre la Disfunción Eréctil existe la etiqueta social de ligarla a la vejez. Pero esto es un error. Con los años, en consulta voy conociendo a hombres cada vez más jóvenes con esta problemática. ¡Jóvenes menores de 20 años! La Disfunción Eréctil no es un problema de la vejez. Es cierto que las personas ancianas van desarrollando, debido al paso de los años, una reducción en la firmeza de su erección, pero eso no es una disfunción, sino el envejecimiento natural de las personas. La palabra «disfunción» significa que hay un trastorno o alteración del funcionamiento normal.

Es una lástima que muchas personas no sean conscientes de que la solución a esta problemática acostumbra a ser más sencilla de lo que creen. Es una auténtica pena que haya parejas que rompan su relación por este tema y que algunos hombres puedan llegar a un estado anímico realmente bajo.

Con esta web y el libro, quiero y deseo poder ayudar a muchas parejas.

Jordi Pons

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*Textos extraídos del libro:  Pons, J. (2018) Vencer la Disfunción Eréctil, Barcelona ©

1 – ¿FÍSICO O PSICOLÓGICO?

LOS MOTIVOS FÍSICOS

*Textos extraídos del libro: 
Pons, J. (2018) Vencer la Disfunción Eréctil, Barcelona ©




1 - ¿FÍSICO O PSICOLÓGICO?

LOS MOTIVOS FÍSICOS

Tal vez esta pregunta sea de las que ocasiona más quebraderos de cabeza a los hombres con Disfunción Eréctil. Resulta extraño considerar que nuestra cabeza pueda generar, de alguna manera inconsciente, esta reacción fisiológica. Por ello, casi toda persona que padece esta disfunción ha considerado en algún momento que las causas que la originan puedan ser físicas.

Salvo excepciones puntuales, las causas físicas o médicas que provocan la Disfunción Eréctil se originan en problemas de circulación de la sangre a través del pene o en daños del sistema nervioso que afecta a la musculatura de este.

Curiosamente, aunque algunos hombres creen que su Disfunción Eréctil es provocada por causas físicas, también acostumbran a ser conscientes y a reconocer que pueden tener mayores o menores dificultades de erección según el momento y las circunstancias en que trascurre la actividad sexual. Es decir, según otros factores ajenos a las posibles causas físicas.

Actualmente es innegable el gran impacto de los factores psicológicos (autoexigencia, estrés, tensión, etc.) sobre la Disfunción Eréctil.

Una persona con miedo a volar en avión puede vivir serena y tranquila en su día a día. Pero aunque sea plenamente consciente de que el avión es un transporte seguro y de que sus miedos son imaginarios e irracionales, cuando sube a un avión no puede evitar que en determinados momentos (despegue, turbulencias, etc.), su cabeza genere pensamientos que pueden desatar reacciones fisiológicas involuntarias. El funcionamiento del cerebro y del cuerpo puede ser paradójico.

En este libro no se van a explicar las causas físicas que pueden producir Disfunción Eréctil por dos motivos: el primero reside en que ya existe suficiente información documentada sobre este tema y considero innecesario repetir esos contenidos; el segundo, y más importante, es porque en mi consulta de sexología de Barcelona he podido comprobar que en la inmensa mayoría de casos la Disfunción Eréctil es causada por motivos psicológicos, y se solventa abordando la problemática desde esta perspectiva.

Tal vez esta pregunta sea de las que ocasiona más quebraderos de cabeza a los hombres con Disfunción Eréctil. Resulta extraño considerar que nuestra cabeza pueda generar, de alguna manera inconsciente, esta reacción fisiológica. Por ello, casi toda persona que padece esta disfunción ha considerado en algún momento que las causas que la originan puedan ser físicas.

Salvo excepciones puntuales, las causas físicas o médicas que provocan la Disfunción Eréctil se originan en problemas de circulación de la sangre a través del pene o en daños del sistema nervioso que afecta a la musculatura de este.

Curiosamente, aunque algunos hombres creen que su Disfunción Eréctil es provocada por causas físicas, también acostumbran a ser conscientes y a reconocer que pueden tener mayores o menores dificultades de erección según el momento y las circunstancias en que trascurre la actividad sexual. Es decir, según otros factores ajenos a las posibles causas físicas.

Actualmente es innegable el gran impacto de los factores psicológicos (autoexigencia, estrés, tensión, etc.) sobre la Disfunción Eréctil.

Una persona con miedo a volar en avión puede vivir serena y tranquila en su día a día. Pero aunque sea plenamente consciente de que el avión es un transporte seguro y de que sus miedos son imaginarios e irracionales, cuando sube a un avión no puede evitar que en determinados momentos (despegue, turbulencias, etc.), su cabeza genere pensamientos que pueden desatar reacciones fisiológicas involuntarias. El funcionamiento del cerebro y del cuerpo puede ser paradójico.

En este libro no se van a explicar las causas físicas que pueden producir Disfunción Eréctil por dos motivos: el primero reside en que ya existe suficiente información documentada sobre este tema y considero innecesario repetir esos contenidos; el segundo, y más importante, es porque en mi consulta de sexología de Barcelona he podido comprobar que en la inmensa mayoría de casos la Disfunción Eréctil es causada por motivos psicológicos, y se solventa abordando la problemática desde esta perspectiva.

¿CÓMO AVERIGUARLO?

¿CÓMO AVERIGUARLO?

La respuesta es lógica: cuando el problema es físico, la Disfunción Eréctil está presente de manera regular, es decir, sucederá en todas las relaciones sexuales (incluida la masturbación) de manera repetitiva y continuada.

Supongamos que una persona tiene las venas del pene obstruidas por ser anciana o tener muy alto el nivel de colesterol, o supongamos que tiene dañado el sistema nervioso que afecta a la musculatura del pene. Entonces, esta contingencia aparecería de una forma regular y constante. Es decir, no tiene sentido que el sujeto, un día, no consiga funcionar sexualmente y al día siguiente sí lo logre. No es posible que esta persona tenga las venas obstruidas y al día siguiente ya no las tenga así. De igual manera, resulta inverosímil que una persona tenga disparado el nivel de colesterol y al día siguiente ya no tenga ese problema. Igualmente, no es posible que tenga dañado el sistema nervioso del pene y al día siguiente ese deterioro haya desaparecido. También es ilógico que una persona no tenga demasiados problemas de erección para masturbarse, pero sí los tenga en el momento de mantener relaciones sexuales con la pareja.

Es absurdo que una persona no encuentre impedimento alguno para realizar ciertas prácticas sexuales con su pareja pero, en cambio, tenga dificultades para realizar otras distintas con esa misma pareja. ¿Qué sentido tiene esto? ¿Cómo puede suceder esto si los motivos son físicos? Si una persona tiene las venas obstruidas y dicha contingencia le afecta a la erección del pene, esta afectación deberá estar presente cuando se masturba, cuando realiza cualquier juego sexual con su pareja y durante el acto del coito.

Es ilógico que un hombre esté haciendo sexo con una erección satisfactoria y, de repente… ¡gatillazo! No tienen sentido los gatillazos por causas físicas. Si alguien tiene problemas de circulación de la sangre en el pene, estos problemas estarán siempre y no en momentos puntuales. Y aún menos se presentarán de manera repentina. No tiene sentido que la sangre esté fluyendo correctamente por el pene y de repente se interrumpa de forma brusca. Y aún tiene menos lógica que al cabo de un rato la sangre pueda volver a fluir sin problemas.

La respuesta es lógica: cuando el problema es físico, la Disfunción Eréctil está presente de manera regular, es decir, sucederá en todas las relaciones sexuales (incluida la masturbación) de manera repetitiva y continuada.

Supongamos que una persona tiene las venas del pene obstruidas por ser anciana o tener muy alto el nivel de colesterol, o supongamos que tiene dañado el sistema nervioso que afecta a la musculatura del pene. Entonces, esta contingencia aparecería de una forma regular y constante. Es decir, no tiene sentido que el sujeto, un día, no consiga funcionar sexualmente y al día siguiente sí lo logre. No es posible que esta persona tenga las venas obstruidas y al día siguiente ya no las tenga así. De igual manera, resulta inverosímil que una persona tenga disparado el nivel de colesterol y al día siguiente ya no tenga ese problema. Igualmente, no es posible que tenga dañado el sistema nervioso del pene y al día siguiente ese deterioro haya desaparecido. También es ilógico que una persona no tenga demasiados problemas de erección para masturbarse, pero sí los tenga en el momento de mantener relaciones sexuales con la pareja.

Es absurdo que una persona no encuentre impedimento alguno para realizar ciertas prácticas sexuales con su pareja pero, en cambio, tenga dificultades para realizar otras distintas con esa misma pareja. ¿Qué sentido tiene esto? ¿Cómo puede suceder esto si los motivos son físicos? Si una persona tiene las venas obstruidas y dicha contingencia le afecta a la erección del pene, esta afectación deberá estar presente cuando se masturba, cuando realiza cualquier juego sexual con su pareja y durante el acto del coito.

Es ilógico que un hombre esté haciendo sexo con una erección satisfactoria y, de repente… ¡gatillazo! No tienen sentido los gatillazos por causas físicas. Si alguien tiene problemas de circulación de la sangre en el pene, estos problemas estarán siempre y no en momentos puntuales. Y aún menos se presentarán de manera repentina. No tiene sentido que la sangre esté fluyendo correctamente por el pene y de repente se interrumpa de forma brusca. Y aún tiene menos lógica que al cabo de un rato la sangre pueda volver a fluir sin problemas.

QUIERO ASEGURARME

QUIERO ASEGURARME

En consulta, he trabajado con muchos clientes a los que les era realmente difícil de creer que la Disfunción Eréctil que padecían tenía su origen en causas de tipo psicológico y no físicas. Muchos sujetos comprenden que las causas físicas no tienen lógica, pero les es difícil imaginar que son sus propias cabezas las que, de alguna manera inconsciente e involuntaria, disparan esta respuesta fisiológica.

Si usted no está completamente seguro de que su Disfunción Eréctil está causada por motivos psicológicos, le recomiendo que acuda al urólogo de la Seguridad Social (si es residente en Europa) o al de su mutua. Le aconsejo esta opción antes que acudir a clínicas supuestamente especializadas en problemas de sexología, ya que en algunas de ellas le podrían hacer un montón de pruebas innecesarias. El urólogo de la Seguridad Social o de su mutua, por contra, le realizará las pruebas pertinentes de manera gratuita y le dará una valoración realmente objetiva de lo que le sucede a nivel físico.

Es muy favorable que usted tenga la certeza de no padecer ningún tipo de «enfermedad» o alteración física, y que pueda sentirse tranquilo respecto a su condición de salud. Es importante reducir la ansiedad en la medida de lo posible, porque este tema es muy traumático para los hombres. Seamos sinceros, para un hombre pocas cosas son tan humillantes y nos pueden hacer sentir tan mal como el hecho de que nos falle el pene en el momento del sexo. Es algo que insulta a nuestra masculinidad. Los hombres podemos llegar a obsesionarnos con este tema y esto resulta realmente contraproducente, porque crea un estado de ansiedad que dificulta la mejoría del problema.

Si un hombre no tiene plena seguridad acerca de lo que le sucede,  esta incerteza provoca que su cabeza busque atropelladamente los motivos o causas que puedan explicar esta problemática. El cerebro funciona así: necesita una explicación; no puede sostener la incógnita o el vacío, ya que entonces, de forma inconsciente, va generando hipótesis para intentar llenar esta laguna de conocimiento si bien, habitualmente, lejos de lograr generar una argumentación coherente pueden surgir ocurrencias de lo más estrambóticas e inadecuadas.

En consulta, he escuchado a clientes que creían que la Disfunción Eréctil se presentaba porque su pareja tenía el culo «así» o «asá», o tenía pelo aquí o allí. Por ejemplo, es un caso real el de un cliente que creía que su DE era causada porque había engordado y por ello le apretaban más los calzoncillos.

De verdad, he llegado a oír argumentos realmente increíbles… Esto sucede porque el hombre se desespera y necesita poder dar alguna explicación a lo que le ocurre; el cerebro funciona así.

En consulta, he trabajado con muchos clientes a los que les era realmente difícil de creer que la Disfunción Eréctil que padecían tenía su origen en causas de tipo psicológico y no físicas. Muchos sujetos comprenden que las causas físicas no tienen lógica, pero les es difícil imaginar que son sus propias cabezas las que, de alguna manera inconsciente e involuntaria, disparan esta respuesta fisiológica.

Si usted no está completamente seguro de que su Disfunción Eréctil está causada por motivos psicológicos, le recomiendo que acuda al urólogo de la Seguridad Social (si es residente en Europa) o al de su mutua. Le aconsejo esta opción antes que acudir a clínicas supuestamente especializadas en problemas de sexología, ya que en algunas de ellas le podrían hacer un montón de pruebas innecesarias. El urólogo de la Seguridad Social o de su mutua, por contra, le realizará las pruebas pertinentes de manera gratuita y le dará una valoración realmente objetiva de lo que le sucede a nivel físico.

Es muy favorable que usted tenga la certeza de no padecer ningún tipo de «enfermedad» o alteración física, y que pueda sentirse tranquilo respecto a su condición de salud. Es importante reducir la ansiedad en la medida de lo posible, porque este tema es muy traumático para los hombres. Seamos sinceros, para un hombre pocas cosas son tan humillantes y nos pueden hacer sentir tan mal como el hecho de que nos falle el pene en el momento del sexo. Es algo que insulta a nuestra masculinidad. Los hombres podemos llegar a obsesionarnos con este tema y esto resulta realmente contraproducente, porque crea un estado de ansiedad que dificulta la mejoría del problema.

Si un hombre no tiene plena seguridad acerca de lo que le sucede,  esta incerteza provoca que su cabeza busque atropelladamente los motivos o causas que puedan explicar esta problemática. El cerebro funciona así: necesita una explicación; no puede sostener la incógnita o el vacío, ya que entonces, de forma inconsciente, va generando hipótesis para intentar llenar esta laguna de conocimiento si bien, habitualmente, lejos de lograr generar una argumentación coherente pueden surgir ocurrencias de lo más estrambóticas e inadecuadas.

En consulta, he escuchado a clientes que creían que la Disfunción Eréctil se presentaba porque su pareja tenía el culo «así» o «asá», o tenía pelo aquí o allí. Por ejemplo, es un caso real el de un cliente que creía que su DE era causada porque había engordado y por ello le apretaban más los calzoncillos.

De verdad, he llegado a oír argumentos realmente increíbles… Esto sucede porque el hombre se desespera y necesita poder dar alguna explicación a lo que le ocurre; el cerebro funciona así.

INTERNET Y LA DISFUNCIÓN ERÉCTIL

INTERNET Y LA DISFUNCIÓN ERÉCTIL

Toda persona que padece Disfunción Eréctil quiere informarse de manera adecuada sobre esta problemática para tratar de solventarla. En la actualidad, cuando queremos encontrar información de forma rápida, somos muchos los que recurrimos a Internet. Pero, personalmente, considero que no es una buena opción para la problemática de la Disfunción Eréctil. Internet causa mucha confusión y paranoia sobre este tema.

Las webs más formales y confiables, con perfil médico, sin ánimo de lucro y con la intención de procurar ofrecer solamente la información más veraz, exponen solo aquellos casos que presentan evidencias científicas demostradas. Pero esta buena intención limita los casos que revelan a aquellos en que la Disfunción Eréctil se debe a causas físicas (diabetes, colesterol, testosterona, etc.), ya que las causas médicas son las únicas que pueden demostrarse científicamente.

Otro tipo de webs, las de algunas clínicas de sexología aparentemente serias, exponen todos los motivos físicos por los que una persona puede padecer Disfunción Eréctil. Es realmente sorprendente observar cómo algunas de estas páginas muestran casos rarísimos, que tal vez le pueden suceder a una persona entre un millón (por ejemplo, aquellos en los que la Disfunción Eréctil se debe a un déficit de una hormona que la mayoría de personas no sabemos ni que existe) y en cambio no dan relevancia al hecho de que en la inmensa mayoría de casos, los factores psicológicos son los principales causantes de la Disfunción Eréctil. En mi opinión, sin querer faltar al respeto a ninguna web ni clínica de sexología, esto se debe a que es mucho más lucrativo tratar a alguien de un problema físico que de uno psicológico. La mayoría de problemas físicos requieren pruebas médicas, medicación, tratamiento, seguimiento y posteriormente es necesario realizar nuevas pruebas médicas para comprobar si ha habido una evolución. Y como usted podrá imaginar, todo esto tiene un coste… En cambio, cuando la Disfunción Eréctil se debe a motivos psicológicos, el tratamiento o terapia se debería limitar a unas pocas visitas.

No creo necesario dedicar tiempo a comentar nada sobre esos portales o páginas web, sin seriedad alguna, que animan a comprar productos que prometen ser «milagrosos». Tan solo decir que estas arriesgadas compras de productos que no tienen aprobación médica pueden ser dañinas para la salud y, además, no dan el resultado deseado.

Los fármacos, ya sean con receta o sin receta, muchas veces no logran el resultado esperado. En ocasiones pueden producir el efecto «placebo» o sobreestimular y parecer que sí funcionan, pero acaban no teniendo eficacia o funcionando solo algunas veces. Esto es así porque los fármacos únicamente son eficaces cuando los problemas son físicos. No tiene sentido tomar un fármaco para estimular la fluidez de la circulación de la sangre por el pene si ese no es el problema causante de la Disfunción Eréctil.

Toda persona que padece Disfunción Eréctil quiere informarse de manera adecuada sobre esta problemática para tratar de solventarla. En la actualidad, cuando queremos encontrar información de forma rápida, somos muchos los que recurrimos a Internet. Pero, personalmente, considero que no es una buena opción para la problemática de la Disfunción Eréctil. Internet causa mucha confusión y paranoia sobre este tema.

Las webs más formales y confiables, con perfil médico, sin ánimo de lucro y con la intención de procurar ofrecer solamente la información más veraz, exponen solo aquellos casos que presentan evidencias científicas demostradas. Pero esta buena intención limita los casos que revelan a aquellos en que la Disfunción Eréctil se debe a causas físicas (diabetes, colesterol, testosterona, etc.), ya que las causas médicas son las únicas que pueden demostrarse científicamente.

Otro tipo de webs, las de algunas clínicas de sexología aparentemente serias, exponen todos los motivos físicos por los que una persona puede padecer Disfunción Eréctil. Es realmente sorprendente observar cómo algunas de estas páginas muestran casos rarísimos, que tal vez le pueden suceder a una persona entre un millón (por ejemplo, aquellos en los que la Disfunción Eréctil se debe a un déficit de una hormona que la mayoría de personas no sabemos ni que existe) y en cambio no dan relevancia al hecho de que en la inmensa mayoría de casos, los factores psicológicos son los principales causantes de la Disfunción Eréctil. En mi opinión, sin querer faltar al respeto a ninguna web ni clínica de sexología, esto se debe a que es mucho más lucrativo tratar a alguien de un problema físico que de uno psicológico. La mayoría de problemas físicos requieren pruebas médicas, medicación, tratamiento, seguimiento y posteriormente es necesario realizar nuevas pruebas médicas para comprobar si ha habido una evolución. Y como usted podrá imaginar, todo esto tiene un coste… En cambio, cuando la Disfunción Eréctil se debe a motivos psicológicos, el tratamiento o terapia se debería limitar a unas pocas visitas.

No creo necesario dedicar tiempo a comentar nada sobre esos portales o páginas web, sin seriedad alguna, que animan a comprar productos que prometen ser «milagrosos». Tan solo decir que estas arriesgadas compras de productos que no tienen aprobación médica pueden ser dañinas para la salud y, además, no dan el resultado deseado.

Los fármacos, ya sean con receta o sin receta, muchas veces no logran el resultado esperado. En ocasiones pueden producir el efecto «placebo» o sobreestimular y parecer que sí funcionan, pero acaban no teniendo eficacia o funcionando solo algunas veces. Esto es así porque los fármacos únicamente son eficaces cuando los problemas son físicos. No tiene sentido tomar un fármaco para estimular la fluidez de la circulación de la sangre por el pene si ese no es el problema causante de la Disfunción Eréctil.

2 – ¿CÓMO SE ORIGINA?

SOMATIZACIONES

2 - ¿CÓMO SE ORIGINA?

SOMATIZACIONES

0En la inmensa mayoría de casos la Disfunción Eréctil aparece como una somatización.

Las somatizaciones son síntomas físicos de origen psicológico. Entre mente y cuerpo hay una conexión en que el cuerpo puede afectar a la mente y la mente puede afectar al cuerpo. Se llama conexión psicosomática. Por ejemplo, cuando tenemos miedo (que es algo psicológico) nos tiemblan las piernas y se nos acelera el ritmo cardíaco, o si algo nos da mucho asco nos puede revolver el estómago.

Otros ejemplos muy típicos de somatizaciones son las producidas por los nervios y el estrés, que pueden ocasionar dolor de cabeza, presión o palpitaciones en el pecho, o tensiones musculares que provocan dolor de espalda, dolor de cuello, dolor de las articulaciones e incluso en las vías urinarias. Cuando una mujer sufre estrés y tiene el periodo menstrual, este puede ser doloroso e irregular y en el caso de los hombres que sufren estrés puede aparecer la Disfunción Eréctil.

En la inmensa mayoría de casos, la Disfunción Eréctil eréctil se origina como una consecuencia o una somatización del estrés y de la ansiedad en un momento concreto; es un síntoma de la tensión del sistema nervioso de la persona en ese momento.

Pero si decimos que la Disfunción Eréctil aparece como una consecuencia del estrés y la ansiedad, parece lógico pensar que cuando disminuya el estrés y la ansiedad, la Disfunción Eréctil desaparecerá.  Pero en cambio, cuando la Disfunción Eréctil se ha originado, en muchos casos ya no desaparece. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué hace que una persona que en su vida diaria está tranquila siga padeciendo Disfunción Eréctil?

En la inmensa mayoría de casos la Disfunción Eréctil aparece como una somatización.

Las somatizaciones son síntomas físicos de origen psicológico. Entre mente y cuerpo hay una conexión en que el cuerpo puede afectar a la mente y la mente puede afectar al cuerpo. Se llama conexión psicosomática. Por ejemplo, cuando tenemos miedo (que es algo psicológico) nos tiemblan las piernas y se nos acelera el ritmo cardíaco, o si algo nos da mucho asco nos puede revolver el estómago.

Otros ejemplos muy típicos de somatizaciones son las producidas por los nervios y el estrés, que pueden ocasionar dolor de cabeza, presión o palpitaciones en el pecho, o tensiones musculares que provocan dolor de espalda, dolor de cuello, dolor de las articulaciones e incluso en las vías urinarias. Cuando una mujer sufre estrés y tiene el periodo menstrual, este puede ser doloroso e irregular y en el caso de los hombres que sufren estrés puede aparecer la Disfunción Eréctil.

En la inmensa mayoría de casos, la Disfunción Eréctil eréctil se origina como una consecuencia o una somatización del estrés y de la ansiedad en un momento concreto; es un síntoma de la tensión del sistema nervioso de la persona en ese momento.

Pero si decimos que la Disfunción Eréctil aparece como una consecuencia del estrés y la ansiedad, parece lógico pensar que cuando disminuya el estrés y la ansiedad, la Disfunción Eréctil desaparecerá.  Pero en cambio, cuando la Disfunción Eréctil se ha originado, en muchos casos ya no desaparece. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué hace que una persona que en su vida diaria está tranquila siga padeciendo Disfunción Eréctil?

3 – ¿POR QUÉ NO DESAPARECE?

FUNCIONAMIENTO DEL CEREBRO

3 - ¿POR QUÉ NO DESAPARECE?

FUNCIONAMIENTO DEL CEREBRO

Para explicar qué hace que se mantenga y empeore la Disfunción Eréctil, permítame proponerle antes un pequeño juego que podrá hacer ahora, en un momentito, mientras lee este libro. Es importante que experimente esto que le propongo.

Se trata de que visualice en su mente un elefante de color rosa, como por ejemplo este: 

 

 

Cierre los ojos y visualice la imagen del elefante a una altura superior a la de su frente.

Después de visualizar el elefante con los ojos cerrados, le voy a pedir que haga algo con todo su empeño: durante diez segundos trate de no visualizar el elefante de color rosa.

Si hace este pequeño experimento comprobará que es inútil esforzarse en no visualizar el elefante. Tal vez logre distraer la mente unos segundos, pero el elefante acabará apareciendo. A más esfuerzo realizado con ánimo de no imaginar el elefante de color rosa, más genera su cerebro, de manera involuntaria, la imagen del elefante. No se puede evitar. El cerebro funciona así. Pensar en «no pensar», es pensar en ello.

Para explicar qué hace que se mantenga y empeore la Disfunción Eréctil, permítame proponerle antes un pequeño juego que podrá hacer ahora, en un momentito, mientras lee este libro. Es importante que experimente esto que le propongo.

Se trata de que visualice en su mente un elefante de color rosa, como por ejemplo este: 

 

 

Cierre los ojos y visualice la imagen del elefante a una altura superior a la de su frente.

Después de visualizar el elefante con los ojos cerrados, le voy a pedir que haga algo con todo su empeño: durante diez segundos trate de no visualizar el elefante de color rosa.

Si hace este pequeño experimento comprobará que es inútil esforzarse en no visualizar el elefante. Tal vez logre distraer la mente unos segundos, pero el elefante acabará apareciendo. A más esfuerzo realizado con ánimo de no imaginar el elefante de color rosa, más genera su cerebro, de manera involuntaria, la imagen del elefante. No se puede evitar. El cerebro funciona así. Pensar en «no pensar», es pensar en ello.

FUNCIONAMIENTO DEL CEREBRO EN LA DISFUNCIÓN ERÉCTIL

FUNCIONAMIENTO DEL CEREBRO EN LA DISFUNCIÓN ERÉCTIL

Imagínese que por cuestión de nervios y tensión en un momento puntual, cuando estoy ejerciendo sexo, sufro un gatillazo. Como he dicho antes, esto es una experiencia muy difícil para un hombre; pocas vivencias resultan tan humillantes y tan denigrantes para un hombre como esta.

Pero yo soy un hombre valiente y me digo a mí mismo: «no pasa nada, me da igual porque yo soy un valiente, a todos nos puede pasar una vez. La próxima lo haré bien. Y es más, no solo lo haré bien, sino que voy a follar como un campeón, y así le demostraré a mi pareja que no tengo ningún problema».

Entonces qué sucede…, que en la siguiente ocasión que voy a hacer sexo, en el fondo, arrastro conmigo un cierto miedo inconsciente de que me vuelva a ocurrir, porque mi cerebro recuerda lo que ha sucedido en el pasado y lo proyecta en el futuro. Además, eso de «no pasa nada, me da igual porque yo soy un valiente», es algo que me puedo decir a mí mismo, pero interiormente no lo siento plenamente así y por ello, aunque me lo diga, no me genera seguridad. Y a este miedo inconsciente hay que sumarle la autoexigencia que me he impuesto de «follar como un campeón, para demostrarle a mi pareja que no tengo ningún problema»; sí, es para demostrárselo a mi pareja, pero también necesito convencerme a mí mismo, para liberarme de mi miedo inconsciente. Así, cuando me dispongo a hacer sexo, inconscientemente cargo con cierto miedo y bastante autoexigencia.

En estas condiciones de temor e imposición propia, cuando llega el momento del sexo me digo a mí mismo interiormente: «no te pongas nervioso…, no te pongas nervioso…»; pero claro, decirse esto a uno mismo es como decirse: «no te imagines un elefante de color rosa». Si yo me digo a mí mismo «no te imagines un elefante de color rosa», obviamente imaginaré el elefante de color rosa. Si yo me digo a mí mismo «no te pongas nervioso…, no te pongas nervioso…», me pondré nervioso. Entonces, cuando me noto nervioso aún insisto más con «no te pongas nervioso…, no te pongas nervioso…». Cuando mis nervios ya no pueden aguantar más y considero que en cualquier momento voy a perder la erección, entonces me digo a mí mismo: «que no se me baje…, que no se me baje…». Pero claro, si pienso esto… ¿qué cree usted que va a suceder?

Imagínese que por cuestión de nervios y tensión en un momento puntual, cuando estoy ejerciendo sexo, sufro un gatillazo. Como he dicho antes, esto es una experiencia muy difícil para un hombre; pocas vivencias resultan tan humillantes y tan denigrantes para un hombre como esta.

Pero yo soy un hombre valiente y me digo a mí mismo: «no pasa nada, me da igual porque yo soy un valiente, a todos nos puede pasar una vez. La próxima lo haré bien. Y es más, no solo lo haré bien, sino que voy a follar como un campeón, y así le demostraré a mi pareja que no tengo ningún problema».

Entonces qué sucede…, que en la siguiente ocasión que voy a hacer sexo, en el fondo, arrastro conmigo un cierto miedo inconsciente de que me vuelva a ocurrir, porque mi cerebro recuerda lo que ha sucedido en el pasado y lo proyecta en el futuro. Además, eso de «no pasa nada, me da igual porque yo soy un valiente», es algo que me puedo decir a mí mismo, pero interiormente no lo siento plenamente así y por ello, aunque me lo diga, no me genera seguridad. Y a este miedo inconsciente hay que sumarle la autoexigencia que me he impuesto de «follar como un campeón, para demostrarle a mi pareja que no tengo ningún problema»; sí, es para demostrárselo a mi pareja, pero también necesito convencerme a mí mismo, para liberarme de mi miedo inconsciente. Así, cuando me dispongo a hacer sexo, inconscientemente cargo con cierto miedo y bastante autoexigencia.

En estas condiciones de temor e imposición propia, cuando llega el momento del sexo me digo a mí mismo interiormente: «no te pongas nervioso…, no te pongas nervioso…»; pero claro, decirse esto a uno mismo es como decirse: «no te imagines un elefante de color rosa». Si yo me digo a mí mismo «no te imagines un elefante de color rosa», obviamente imaginaré el elefante de color rosa. Si yo me digo a mí mismo «no te pongas nervioso…, no te pongas nervioso…», me pondré nervioso. Entonces, cuando me noto nervioso aún insisto más con «no te pongas nervioso…, no te pongas nervioso…». Cuando mis nervios ya no pueden aguantar más y considero que en cualquier momento voy a perder la erección, entonces me digo a mí mismo: «que no se me baje…, que no se me baje…». Pero claro, si pienso esto… ¿qué cree usted que va a suceder?

EFECTO “BOLA DE NIEVE”

EFECTO "BOLA DE NIEVE"

Cuando la escena anterior se repite en varias ocasiones y la Disfunción Eréctil irrumpe con regularidad en mis relaciones sexuales, entonces mi intranquilidad aumenta mucho. A partir de aquí empiezo a pensar y a decirme a mí mismo: «este tema es serio… debería espabilar y hacer algo para solucionar esto cuanto antes… Tengo que funcionar bien sexualmente… He de lograrlo porque todo el mundo sabe que el sexo es importantísimo en la pareja… Debo conseguirlo porque si no perderé a mi pareja… Mi pareja me abandonará y se irá a follar con otro que le dará el placer que yo no le doy… Y yo, además de quedarme solo y abandonado como un perro, no volveré a encontrar jamás otra pareja, porque… ¿quién va a querer por pareja a un impresentable con Disfunción Eréctil como yo, que no sirvo ni para follar ni para nada? Y tendré que quedarme solo y amargado el resto de mi vida porque soy un impotente de mierda».

Si de forma inconsciente mi cabeza genera este tipo de pensamientos, estos me van a provocar un estado de ansiedad en el momento del sexo que probablemente incidan en mi funcionamiento sexual.

Entonces empieza a formarse lo que yo denomino el efecto «Bola de nieve». Le pongo este nombre porque me recuerda al efecto de engrose de una bola de nieve cuando rueda cuesta abajo (la bola de nieve va tomando más volumen cuanto más rueda hacia abajo). Cada vez que yo fallo en mis relaciones sexuales me pongo más nervioso y empiezo a desarrollar y reforzar la creencia de que realmente tengo un problema. Creer que tengo un problema provoca que aún me ponga más nervioso e inconscientemente me visualice fallando en mi próxima relación sexual. Visualizar esto me pone más nervioso todavía y me hace anticipar más la posibilidad de que pueda fracasar. Cuanto más anticipo el fallo, más probable hago la posibilidad de que realmente pueda fallar. Cada vez que yerro, confirmo un poco más que, en efecto, tengo algún tipo de problema. Y esto hace que me ponga más nervioso…, etc. Por todo ello, lo llamo efecto «Bola de nieve», porque esta problemática se va autoalimentando y engrandeciendo ella misma.

Cuando la escena anterior se repite en varias ocasiones y la Disfunción Eréctil irrumpe con regularidad en mis relaciones sexuales, entonces mi intranquilidad aumenta mucho. A partir de aquí empiezo a pensar y a decirme a mí mismo: «este tema es serio… debería espabilar y hacer algo para solucionar esto cuanto antes… Tengo que funcionar bien sexualmente… He de lograrlo porque todo el mundo sabe que el sexo es importantísimo en la pareja… Debo conseguirlo porque si no perderé a mi pareja… Mi pareja me abandonará y se irá a follar con otro que le dará el placer que yo no le doy… Y yo, además de quedarme solo y abandonado como un perro, no volveré a encontrar jamás otra pareja, porque… ¿quién va a querer por pareja a un impresentable con Disfunción Eréctil como yo, que no sirvo ni para follar ni para nada? Y tendré que quedarme solo y amargado el resto de mi vida porque soy un impotente de mierda».

Si de forma inconsciente mi cabeza genera este tipo de pensamientos, estos me van a provocar un estado de ansiedad en el momento del sexo que probablemente incidan en mi funcionamiento sexual.

Entonces empieza a formarse lo que yo denomino el efecto «Bola de nieve». Le pongo este nombre porque me recuerda al efecto de engrose de una bola de nieve cuando rueda cuesta abajo (la bola de nieve va tomando más volumen cuanto más rueda hacia abajo). Cada vez que yo fallo en mis relaciones sexuales me pongo más nervioso y empiezo a desarrollar y reforzar la creencia de que realmente tengo un problema. Creer que tengo un problema provoca que aún me ponga más nervioso e inconscientemente me visualice fallando en mi próxima relación sexual. Visualizar esto me pone más nervioso todavía y me hace anticipar más la posibilidad de que pueda fracasar. Cuanto más anticipo el fallo, más probable hago la posibilidad de que realmente pueda fallar. Cada vez que yerro, confirmo un poco más que, en efecto, tengo algún tipo de problema. Y esto hace que me ponga más nervioso…, etc. Por todo ello, lo llamo efecto «Bola de nieve», porque esta problemática se va autoalimentando y engrandeciendo ella misma.

ENGROSANDO LA “BOLA DE NIEVE”

ENGROSANDO LA BOLA DE NIEVE

Esta «Bola de nieve» que va rodando hacia abajo y va creciendo por su propia inercia también es alimentada por los factores culturales.

Los factores culturales son un aprendizaje implícito que hacemos de la sociedad en la que vivimos. Inconscientemente crecemos interiorizando creencias como: el hombre tiene que ser el «macho-machote» que da sobrada satisfacción sexual a su pareja. Un hombre puede fallar en todo menos en el sexo, que es donde debe demostrar a su pareja lo machote, viril, potente y masculino que es. Los hombres son agresivos sexualmente y siempre tienen ganas de follar.

De forma consciente, probablemente todos estamos de acuerdo en que estas creencias son absurdas; y lo son. Pero de forma inconsciente, por nuestra cultura, todos los hombres las hemos interiorizado un poco.

Para la pareja del hombre con Disfunción Eréctil, esta situación tampoco es fácil. Puede sentirse no deseada sexualmente y esto puede despertar fantasmas sobre su físico, su forma de ser, etc. También puede creer que si no es deseada sexualmente es posible que no sea lo suficientemente querida. Se pueden generar pensamientos paranoicos: «¿y si no le gusto lo suficiente?, ¿y si en realidad le gustaría estar con otra?, ¿y si no me considera excitante sexualmente?, ¿y si hay una parte de mi cuerpo que no le gusta?, ¿y si en realidad no me quiere?, ¿y si…?, etc.».

Algunos hombres, por no reconocer su problema de Disfunción Eréctil, aun empeoran esta situación cuando están con una nueva pareja. Cuando tienen relaciones sexuales y se presenta por primera vez la Disfunción Eréctil, entonces le dicen a su pareja que no entienden lo que le sucede porque esto no le había pasado nunca. Entonces la pareja se pregunta: «¿por qué solo le ha pasado esto conmigo si no le había sucedido nunca?, ¿seré yo el problema?,  …si solo le pasa conmigo, por algo será…, ¿qué pensará de mí para que le suceda esto?, etc.».

Esta «Bola de nieve» que va rodando hacia abajo y va creciendo por su propia inercia también es alimentada por los factores culturales.

Los factores culturales son un aprendizaje implícito que hacemos de la sociedad en la que vivimos. Inconscientemente crecemos interiorizando creencias como: el hombre tiene que ser el «macho-machote» que da sobrada satisfacción sexual a su pareja. Un hombre puede fallar en todo menos en el sexo, que es donde debe demostrar a su pareja lo machote, viril, potente y masculino que es. Los hombres son agresivos sexualmente y siempre tienen ganas de follar.

De forma consciente, probablemente todos estamos de acuerdo en que estas creencias son absurdas; y lo son. Pero de forma inconsciente, por nuestra cultura, todos los hombres las hemos interiorizado un poco.

Para la pareja del hombre con Disfunción Eréctil, esta situación tampoco es fácil. Puede sentirse no deseada sexualmente y esto puede despertar fantasmas sobre su físico, su forma de ser, etc. También puede creer que si no es deseada sexualmente es posible que no sea lo suficientemente querida. Se pueden generar pensamientos paranoicos: «¿y si no le gusto lo suficiente?, ¿y si en realidad le gustaría estar con otra?, ¿y si no me considera excitante sexualmente?, ¿y si hay una parte de mi cuerpo que no le gusta?, ¿y si en realidad no me quiere?, ¿y si…?, etc.».

Algunos hombres, por no reconocer su problema de Disfunción Eréctil, aun empeoran esta situación cuando están con una nueva pareja. Cuando tienen relaciones sexuales y se presenta por primera vez la Disfunción Eréctil, entonces le dicen a su pareja que no entienden lo que le sucede porque esto no le había pasado nunca. Entonces la pareja se pregunta: «¿por qué solo le ha pasado esto conmigo si no le había sucedido nunca?, ¿seré yo el problema?,  …si solo le pasa conmigo, por algo será…, ¿qué pensará de mí para que le suceda esto?, etc.».

ROL DE LA PAREJA

ROL DE LA PAREJA

En la gran mayoría de los casos, las parejas se muestran comprensivas y son conscientes del problema de su hombre, pero esto no significa que interiormente estén tranquilas y relajadas. A nivel inconsciente, para desquitarse de esta intranquilidad, estas parejas desean disfrutar de buenas relaciones sexuales. Por este motivo, de forma también inconsciente e involuntaria, puede haber una cierta tendencia de la pareja a presionar al hombre con Disfunción Eréctil para que mejore su funcionamiento sexual. De manera habitual, esta presión no es explícita, pero se transmite implícitamente, también de forma inconsciente e involuntaria. Es importante tomar conciencia de ello porque esta presión es muy contraproducente. Para que el hombre pueda funcionar en estas circunstancias necesita la máxima tranquilidad. No debe recibir más presión de la que ya soporta.

En ocasiones, en consulta he conocido a mujeres con mucho carácter y mucha fuerza que no son conscientes de cómo presionan a sus parejas involuntariamente. Recuerdo una vez en terapia a una mujer con un temperamento visiblemente fuerte a la que le comenté este tema. Entonces ella se giró mirando al marido y le dijo con genio: «¡A que este no es mi caso, a que yo soy dulce y cariñosa! ¡A que sí!». Y el marido contestó: «Sí cariño, sí».

En la gran mayoría de los casos, las parejas se muestran comprensivas y son conscientes del problema de su hombre, pero esto no significa que interiormente estén tranquilas y relajadas. A nivel inconsciente, para desquitarse de esta intranquilidad, estas parejas desean disfrutar de buenas relaciones sexuales. Por este motivo, de forma también inconsciente e involuntaria, puede haber una cierta tendencia de la pareja a presionar al hombre con Disfunción Eréctil para que mejore su funcionamiento sexual. De manera habitual, esta presión no es explícita, pero se transmite implícitamente, también de forma inconsciente e involuntaria. Es importante tomar conciencia de ello porque esta presión es muy contraproducente. Para que el hombre pueda funcionar en estas circunstancias necesita la máxima tranquilidad. No debe recibir más presión de la que ya soporta.

En ocasiones, en consulta he conocido a mujeres con mucho carácter y mucha fuerza que no son conscientes de cómo presionan a sus parejas involuntariamente. Recuerdo una vez en terapia a una mujer con un temperamento visiblemente fuerte a la que le comenté este tema. Entonces ella se giró mirando al marido y le dijo con genio: «¡A que este no es mi caso, a que yo soy dulce y cariñosa! ¡A que sí!». Y el marido contestó: «Sí cariño, sí».

FALTA DE APETITO SEXUAL

FALTA DE APETITO SEXUAL

Cuando me predispongo a mantener relaciones, lo hago con una actitud de seriedad y preocupación similar a la de un estudiante que se presenta al examen de la selectividad, creyendo que su vida futura va a depender de esa prueba.

Esta actitud que surge en el momento del sexo es evidente que actúa de forma contraproducente. Desde esta situación, mi disfrute y diversión quedan en un segundo plano. El primer plano lo ocupa el miedo a la rotura de la relación de pareja y la sensación de impotencia, ineptitud y humillación que me invade cada vez que se presenta la Disfunción Eréctil.

Cuando el sexo se convierte en algo que me aporta más frustración que disfrute, voy perdiendo poco a poco mi apetito sexual. Es muy típico, en hombres que padecen Disfunción Eréctil durante bastante tiempo, la falta de deseo sexual (muchos erróneamente creen que es un problema de falta de testosterona), pero es lógico que sea así cuando el sexo se ha convertido en algo frustrante para ellos. Es como ir a un restaurante que ya conozco: si yo sé que la comida que me van a servir me va a hacer disfrutar, tendré ganas de ir a comer allí, pero si yo sé que la comida me sienta mal y me hace sufrir, entonces hasta se me pasa el hambre.

La falta de apetito sexual forma parte de la sintomatología habitual de la Disfunción Eréctil.

Cuando me predispongo a mantener relaciones, lo hago con una actitud de seriedad y preocupación similar a la de un estudiante que se presenta al examen de la selectividad, creyendo que su vida futura va a depender de esa prueba.

Esta actitud que surge en el momento del sexo es evidente que actúa de forma contraproducente. Desde esta situación, mi disfrute y diversión quedan en un segundo plano. El primer plano lo ocupa el miedo a la rotura de la relación de pareja y la sensación de impotencia, ineptitud y humillación que me invade cada vez que se presenta la Disfunción Eréctil.

Cuando el sexo se convierte en algo que me aporta más frustración que disfrute, voy perdiendo poco a poco mi apetito sexual. Es muy típico, en hombres que padecen Disfunción Eréctil durante bastante tiempo, la falta de deseo sexual (muchos erróneamente creen que es un problema de falta de testosterona), pero es lógico que sea así cuando el sexo se ha convertido en algo frustrante para ellos. Es como ir a un restaurante que ya conozco: si yo sé que la comida que me van a servir me va a hacer disfrutar, tendré ganas de ir a comer allí, pero si yo sé que la comida me sienta mal y me hace sufrir, entonces hasta se me pasa el hambre.

La falta de apetito sexual forma parte de la sintomatología habitual de la Disfunción Eréctil.

4 – MEJOR TRATAMIENTO

DIFERENCIAS HOMBRES Y MUJERES

4 - MEJOR TRATAMIENTO

DIFERENCIAS HOMBRES Y MUJERES

Cuando se tratan disfunciones sexuales con mujeres, se puede comprobar que la sexualidad en ellas va muy ligada a la emocionalidad, y es más probable que sus desórdenes sexuales sean síntoma de algún tipo de situación, a nivel emocional, que causa sufrimiento. Por ello, para trabajar con una mujer una anomalía de este tipo, generalmente se requiere un trabajo más cuidadoso y profundo de la parte emocional.

Pero los hombres somos menos complicados (o más simples, según se quiera ver). Generalmente, en nuestra sexualidad no interfiere tanto la parte emocional como en las mujeres. Esto es una ventaja para el tratamiento de las disfunciones sexuales masculinas, ya que facilita mucho el trabajo sexológico y permite que nos centremos directamente en el tratamiento de la parte sexual.

Algunos hombres que «van de flor en flor», me han explicado en consulta que cuando están con alguien que realmente les gusta y les importa tienen mayores problemas de erección. Muchos atribuyen este hecho a las interferencias que supuestamente causan sus emociones en su sexualidad.

Pero esto no acostumbra a ser así. Lo que habitualmente les sucede cuando están con alguien que no les interesa demasiado (solo para pasar una noche de sexo), es que se sienten más relajados porque no les importa tanto lo que pueda suceder, ni la opinión que esa persona pueda formarse de ellos. Aunque estas circunstancias puedan parecer más frías, facilitan que el hombre con Disfunción Eréctil no se sienta autoexigido y por ello mejore su funcionamiento sexual.

En cambio, cuando están con una persona que realmente les interesa, entonces sí les importa la imagen que la otra persona se forma de ellos, y es cuando más empeño y esfuerzo ponen en funcionar bien sexualmente. Pero este empeño y esfuerzo se transforma en una mayor presión y una mayor autoexigencia, lo que favorece la aparición de la Disfunción Eréctil. Por ello, a más interés tienen en una persona, mayores problemas de Disfunción Eréctil aparecen con esta.

A más me esfuerzo en no imaginar el elefante de color rosa, más imagino el dichoso elefante.

Cuando se tratan disfunciones sexuales con mujeres, se puede comprobar que la sexualidad en ellas va muy ligada a la emocionalidad, y es más probable que sus desórdenes sexuales sean síntoma de algún tipo de situación, a nivel emocional, que causa sufrimiento. Por ello, para trabajar con una mujer una anomalía de este tipo, generalmente se requiere un trabajo más cuidadoso y profundo de la parte emocional.

Pero los hombres somos menos complicados (o más simples, según se quiera ver). Generalmente, en nuestra sexualidad no interfiere tanto la parte emocional como en las mujeres. Esto es una ventaja para el tratamiento de las disfunciones sexuales masculinas, ya que facilita mucho el trabajo sexológico y permite que nos centremos directamente en el tratamiento de la parte sexual.

Algunos hombres que «van de flor en flor», me han explicado en consulta que cuando están con alguien que realmente les gusta y les importa tienen mayores problemas de erección. Muchos atribuyen este hecho a las interferencias que supuestamente causan sus emociones en su sexualidad.

Pero esto no acostumbra a ser así. Lo que habitualmente les sucede cuando están con alguien que no les interesa demasiado (solo para pasar una noche de sexo), es que se sienten más relajados porque no les importa tanto lo que pueda suceder, ni la opinión que esa persona pueda formarse de ellos. Aunque estas circunstancias puedan parecer más frías, facilitan que el hombre con Disfunción Eréctil no se sienta autoexigido y por ello mejore su funcionamiento sexual.

En cambio, cuando están con una persona que realmente les interesa, entonces sí les importa la imagen que la otra persona se forma de ellos, y es cuando más empeño y esfuerzo ponen en funcionar bien sexualmente. Pero este empeño y esfuerzo se transforma en una mayor presión y una mayor autoexigencia, lo que favorece la aparición de la Disfunción Eréctil. Por ello, a más interés tienen en una persona, mayores problemas de Disfunción Eréctil aparecen con esta.

A más me esfuerzo en no imaginar el elefante de color rosa, más imagino el dichoso elefante.

ENFOQUE DEL TRATAMIENTO

ENFOQUE DEL TRATAMIENTO

Como psicólogo, le aseguro que para resolver muchos problemas de tipo psicológico es necesario profundizar en detalle en el «cómo», en el «porqué», en el «qué pasó», etc., porque tomar conciencia de todo ello puede crear lo que en psicología se llama un «insight» (darse cuenta) y esto puede ayudar mucho a la persona.

Pero también hay algunos tipos de problemáticas donde entender los «cómos» y los «porqués» no ayuda demasiado a solventar las anomalías y desórdenes que se hayan podido presentar, como por ejemplo muchos casos de fobias o miedos.

Tomemos por ejemplo a una persona que tiene miedo a volar en avión. Habitualmente esta persona ya es consciente de que su miedo es exagerado e irracional. El sujeto ya se ha informado y sabe con certeza que estadísticamente el avión es el medio de transporte más seguro que existe. Pero por muy consciente que sea de todo esto, aunque este individuo comprenda perfectamente que su miedo es irracional, cuando sube al avión no puede evitar que en su cuerpo se desencadenen una serie reacciones físicas en determinados momentos (despegue, turbulencias, etc.). Y algo muy similar ocurre con la Disfunción Eréctil. Normalmente, el hombre ya es consciente de lo que le sucede, pero no puede evitar que en determinados momentos, cuando se expone a la situación temida, en su cuerpo se desencadene esa reacción física.

En mi experiencia tratando casos de Disfunción Eréctil desde distintas técnicas, a excepción de casos realmente muy traumáticos, he podido comprobar que el mejor método, el más efectivo y el más rápido es tratar el tema sexual directamente. Es decir, centrarnos más en resolver el problema buscando soluciones prácticas que en iniciar una larga terapia para investigar el «porqué» y el «cómo» de cada situación.

No me gusta abordar la problemática de la Disfunción Eréctil desde un tipo de terapia cognitiva, donde la mayor parte del tiempo tratamos esta desde el pensamiento. De hecho, en ocasiones, se puede observar que desde el pensamiento estas anomalías no solo no se resuelven, sino que aún se agravan más. Porque, a más hablamos del elefante de color rosa y más empeño ponemos en no imaginar este animal, involuntariamente más nos imaginamos el elefante.

Como psicólogo, le aseguro que para resolver muchos problemas de tipo psicológico es necesario profundizar en detalle en el «cómo», en el «porqué», en el «qué pasó», etc., porque tomar conciencia de todo ello puede crear lo que en psicología se llama un «insight» (darse cuenta) y esto puede ayudar mucho a la persona.

Pero también hay algunos tipos de problemáticas donde entender los «cómos» y los «porqués» no ayuda demasiado a solventar las anomalías y desórdenes que se hayan podido presentar, como por ejemplo muchos casos de fobias o miedos.

Tomemos por ejemplo a una persona que tiene miedo a volar en avión. Habitualmente esta persona ya es consciente de que su miedo es exagerado e irracional. El sujeto ya se ha informado y sabe con certeza que estadísticamente el avión es el medio de transporte más seguro que existe. Pero por muy consciente que sea de todo esto, aunque este individuo comprenda perfectamente que su miedo es irracional, cuando sube al avión no puede evitar que en su cuerpo se desencadenen una serie reacciones físicas en determinados momentos (despegue, turbulencias, etc.). Y algo muy similar ocurre con la Disfunción Eréctil. Normalmente, el hombre ya es consciente de lo que le sucede, pero no puede evitar que en determinados momentos, cuando se expone a la situación temida, en su cuerpo se desencadene esa reacción física.

En mi experiencia tratando casos de Disfunción Eréctil desde distintas técnicas, a excepción de casos realmente muy traumáticos, he podido comprobar que el mejor método, el más efectivo y el más rápido es tratar el tema sexual directamente. Es decir, centrarnos más en resolver el problema buscando soluciones prácticas que en iniciar una larga terapia para investigar el «porqué» y el «cómo» de cada situación.

No me gusta abordar la problemática de la Disfunción Eréctil desde un tipo de terapia cognitiva, donde la mayor parte del tiempo tratamos esta desde el pensamiento. De hecho, en ocasiones, se puede observar que desde el pensamiento estas anomalías no solo no se resuelven, sino que aún se agravan más. Porque, a más hablamos del elefante de color rosa y más empeño ponemos en no imaginar este animal, involuntariamente más nos imaginamos el elefante.

RASGOS DE PERSONALIDAD

RASGOS DE PERSONALIDAD

Considero necesario explicar en este libro algunos rasgos de la personalidad que acostumbran a tener en común las personas que padecen Disfunción Eréctil.

Habitualmente, los hombres que padecen Disfunción Eréctil tienen un perfil de personalidad más mental que emocional. Para explicar esto de una forma sencilla, podríamos decir que son personas con una mayor tendencia a pensar, analizar y buscar soluciones a los problemas desde el raciocinio. Acostumbran a pensar en las contrariedades como si estuviesen jugando una partida de ajedrez, en la que antes de mover una pieza procuran imaginar todas las posibles jugadas y analizan concienzudamente las posibles consecuencias de estas; son movimientos poco impulsivos y muy meditados.

Muchas veces, para resolver una dificultad, es positivo pensar de manera concienzuda sobre esta. Si pensamos las cosas tres veces en vez de una sola, acostumbra a ser positivo. Si pensamos las cosas cinco veces en vez de tres, acostumbra a ser aún más positivo. Pero si pensamos las cosas quinientas mil veces, entonces es contraproducente.

Cuando una persona piensa demasiado en los problemas, cuando le da demasiadas «vueltas a la cabeza», puede llegar a obsesionarse con el tema y esto es muy negativo, pues conlleva una actitud de ansiedad alimentada por la duda.

Las personas que padecen Disfunción Eréctil ya han pensado, analizado y valorado demasiadas veces todas las posibles soluciones. En terapia, yo siempre les digo a mis clientes que si este tema se pudiese resolver pensando, ellos ya lo habrían resuelto. Pero no lo resuelven porque esta cuestión no se soluciona desde el pensamiento, no se enmienda intentando tenerlo todo controlado y analizando el «cómo» y el «porqué».

Considero necesario explicar en este libro algunos rasgos de la personalidad que acostumbran a tener en común las personas que padecen Disfunción Eréctil.

Habitualmente, los hombres que padecen Disfunción Eréctil tienen un perfil de personalidad más mental que emocional. Para explicar esto de una forma sencilla, podríamos decir que son personas con una mayor tendencia a pensar, analizar y buscar soluciones a los problemas desde el raciocinio. Acostumbran a pensar en las contrariedades como si estuviesen jugando una partida de ajedrez, en la que antes de mover una pieza procuran imaginar todas las posibles jugadas y analizan concienzudamente las posibles consecuencias de estas; son movimientos poco impulsivos y muy meditados.

Muchas veces, para resolver una dificultad, es positivo pensar de manera concienzuda sobre esta. Si pensamos las cosas tres veces en vez de una sola, acostumbra a ser positivo. Si pensamos las cosas cinco veces en vez de tres, acostumbra a ser aún más positivo. Pero si pensamos las cosas quinientas mil veces, entonces es contraproducente.

Cuando una persona piensa demasiado en los problemas, cuando le da demasiadas «vueltas a la cabeza», puede llegar a obsesionarse con el tema y esto es muy negativo, pues conlleva una actitud de ansiedad alimentada por la duda.

Las personas que padecen Disfunción Eréctil ya han pensado, analizado y valorado demasiadas veces todas las posibles soluciones. En terapia, yo siempre les digo a mis clientes que si este tema se pudiese resolver pensando, ellos ya lo habrían resuelto. Pero no lo resuelven porque esta cuestión no se soluciona desde el pensamiento, no se enmienda intentando tenerlo todo controlado y analizando el «cómo» y el «porqué».

EL TRATAMIENTO

Si observamos un problema que alguien no puede resolver desde hace mucho tiempo, a pesar de que la solución depende en gran parte de esta misma persona, muchas veces podremos observar algo realmente paradójico: lo que el sujeto intenta hacer para solventar ese problema es, precisamente, lo que hace que se genere o mantenga dicho problema.

Por ejemplo, este tipo de fenómeno se observa muchas veces en las terapias de pareja, donde ambos desean tener una buena relación entre ellos, pero la manera en que procuran que se dé esa buena relación es la que en realidad causa la mala relación. También se puede observar fácilmente en entornos laborales: trabajadores que quisieran establecer buenas relaciones con sus compañeros o con su jefe, pero su forma de actuar es la que provoca que esas relaciones no sean tan buenas como desean.

Un cliente me explicó en consulta los problemas que tenía con su jefe por llegar tarde al trabajo. Según este cliente, llegaba tarde porque tenía que dejar a su hija en el colegio y luego cruzarse en coche toda Barcelona en hora punta. Yo le cité una frase célebre de Albert Einstein: «Si siempre haces lo mismo, siempre obtienes el mismo resultado». Entonces él me contestó que no hacía siempre lo mismo, que siempre intentaba algo distinto. Me explicó que un día conducía por la Ronda de Dalt, otro día probaba por la Ronda del Litoral, otro día por las calles principales de la ciudad, otro día callejeaba por Barcelona, etc.

Yo le repliqué que, en realidad, siempre hacía lo mismo: intentar cruzar Barcelona con coche en hora punta. En este caso, hacer algo realmente diferente podría haber sido probar a ir en tren en vez de en coche, o tratar de acordar con su pareja que fuese ella quien llevase a su hija al colegio.

Muchas personas que padecen Disfunción Eréctil creen que han intentado solucionar esta problemática de varias maneras distintas, pero en realidad siempre están haciendo algo similar. Están intentando resolver la cuestión pensando y analizando los «porqués» y los «cómos», procurando controlar la situación desde sus mentes.

Muchos intentan resolver el problema estudiando y planificando sus acciones durante el sexo. Calculan con detalle cuáles son los actos que pueden facilitar mayores probabilidades de éxito y procuran seguir ese guion durante el encuentro sexual. En el momento del sexo su cabeza está pensando a toda velocidad. Están analizando y valorando cada uno de sus movimientos: si lo hacen bien o mal, si se van cumpliendo sus expectativas, etc. Su mente también está muy pendiente de su pareja, de si parece contenta o decepcionada, si está disfrutando o si está harta de intentar tener buenas relaciones sexuales. Es como si tuviesen una voz dentro de la cabeza que les va dando indicaciones: «…hazlo así…, …mejor de esta manera…, …ahora vas bien…, …ahora vas mal…, …ten cuidado con esto…, …deberías hacerlo mejor…, …cuidado que ella parece enfadada…, etc.». Pero si yo escucho esta voz dentro de mi cabeza, no me ayuda en absoluto. De hecho, lo que reamente hace es ponerme más nervioso.

Si estoy pendiente de lo que me dice la cabeza, no estoy suficientemente enfocado en las sensaciones que se despiertan en el cuerpo. La erección está vinculada a esas sensaciones. El sexo está relacionado con lo instintivo, con notar las sensaciones corporales, con disfrutar de ellas.

Muchas veces, en consulta, escucho a hombres que me dicen: «…es que no logro concentrarme lo suficiente». No son conscientes de que intentar «concentrarse» es un error. «Concentrarse» es irse a la cabeza, es un intento de controlar. Y el sexo es lo contrario al control. El orgasmo es puro descontrol.

Si los hombres tuviésemos un interruptor en la cabeza para desconectar el pensamiento, sería muy sencillo superar la Disfunción Eréctil.

Y volvamos a lo que decía Albert Einstein: «Si siempre haces lo mismo, siempre obtienes el mismo resultado». Entonces hay que hacer algo distinto, algo realmente diferente, algo que nos ayude a salir de la cabeza y a conectar con el disfrute del sexo.

EL TRATAMIENTO

Si observamos un problema que alguien no puede resolver desde hace mucho tiempo, a pesar de que la solución depende en gran parte de esta misma persona, muchas veces podremos observar algo realmente paradójico: lo que el sujeto intenta hacer para solventar ese problema es, precisamente, lo que hace que se genere o mantenga dicho problema.

Por ejemplo, este tipo de fenómeno se observa muchas veces en las terapias de pareja, donde ambos desean tener una buena relación entre ellos, pero la manera en que procuran que se dé esa buena relación es la que en realidad causa la mala relación. También se puede observar fácilmente en entornos laborales: trabajadores que quisieran establecer buenas relaciones con sus compañeros o con su jefe, pero su forma de actuar es la que provoca que esas relaciones no sean tan buenas como desean.

Un cliente me explicó en consulta los problemas que tenía con su jefe por llegar tarde al trabajo. Según este cliente, llegaba tarde porque tenía que dejar a su hija en el colegio y luego cruzarse en coche toda Barcelona en hora punta. Yo le cité una frase célebre de Albert Einstein: «Si siempre haces lo mismo, siempre obtienes el mismo resultado». Entonces él me contestó que no hacía siempre lo mismo, que siempre intentaba algo distinto. Me explicó que un día conducía por la Ronda de Dalt, otro día probaba por la Ronda del Litoral, otro día por las calles principales de la ciudad, otro día callejeaba por Barcelona, etc.

Yo le repliqué que, en realidad, siempre hacía lo mismo: intentar cruzar Barcelona con coche en hora punta. En este caso, hacer algo realmente diferente podría haber sido probar a ir en tren en vez de en coche, o tratar de acordar con su pareja que fuese ella quien llevase a su hija al colegio.

Muchas personas que padecen Disfunción Eréctil creen que han intentado solucionar esta problemática de varias maneras distintas, pero en realidad siempre están haciendo algo similar. Están intentando resolver la cuestión pensando y analizando los «porqués» y los «cómos», procurando controlar la situación desde sus mentes.

Muchos intentan resolver el problema estudiando y planificando sus acciones durante el sexo. Calculan con detalle cuáles son los actos que pueden facilitar mayores probabilidades de éxito y procuran seguir ese guion durante el encuentro sexual. En el momento del sexo su cabeza está pensando a toda velocidad. Están analizando y valorando cada uno de sus movimientos: si lo hacen bien o mal, si se van cumpliendo sus expectativas, etc. Su mente también está muy pendiente de su pareja, de si parece contenta o decepcionada, si está disfrutando o si está harta de intentar tener buenas relaciones sexuales. Es como si tuviesen una voz dentro de la cabeza que les va dando indicaciones: «…hazlo así…, …mejor de esta manera…, …ahora vas bien…, …ahora vas mal…, …ten cuidado con esto…, …deberías hacerlo mejor…, …cuidado que ella parece enfadada…, etc.». Pero si yo escucho esta voz dentro de mi cabeza, no me ayuda en absoluto. De hecho, lo que reamente hace es ponerme más nervioso.

Si estoy pendiente de lo que me dice la cabeza, no estoy suficientemente enfocado en las sensaciones que se despiertan en el cuerpo. La erección está vinculada a esas sensaciones. El sexo está relacionado con lo instintivo, con notar las sensaciones corporales, con disfrutar de ellas.

Muchas veces, en consulta, escucho a hombres que me dicen: «…es que no logro concentrarme lo suficiente». No son conscientes de que intentar «concentrarse» es un error. «Concentrarse» es irse a la cabeza, es un intento de controlar. Y el sexo es lo contrario al control. El orgasmo es puro descontrol.

Si los hombres tuviésemos un interruptor en la cabeza para desconectar el pensamiento, sería muy sencillo superar la Disfunción Eréctil.

Y volvamos a lo que decía Albert Einstein: «Si siempre haces lo mismo, siempre obtienes el mismo resultado». Entonces hay que hacer algo distinto, algo realmente diferente, algo que nos ayude a salir de la cabeza y a conectar con el disfrute del sexo.

EL JUEGO

EL JUEGO

Haciendo un símil, la funcionalidad del juego propuesto en el libro es semejante a la funcionalidad de la rehabilitación de un deportista que se ha lesionado, por ejemplo una rodilla. No todas las lesiones de rodilla son iguales. Dependiendo del tipo de lesión, deberá realizar unos ejercicios de rehabilitación u otros.  Obviamente un deportista lesionado no debe hacer deporte a alto nivel porque eso sería perjudicial para la recuperación de su lesión, pero tampoco debe permanecer en un reposo absoluto ya que esto le atrofiaría aún más la pierna. Lo que debe hacer el deportista lesionado, son ejercicios de rehabilitación adecuados a su tipo lesión, para que le ayuden a reactivar la pierna lesionada y recuperar cuanto antes la forma física necesaria para volver a hacer deporte a alto nivel.

Al igual que el deportista lesionado, el hombre con Disfunción Eréctil no debe hacer “deporte de competición”, pero tampoco debe permanecer en un reposo absoluto. Lo que debe hacer son unos ejercicios de rehabilitación adecuados a su tipo “lesión”, para que le ayuden a reactivar la “pierna lesionada” y recuperar cuanto antes la forma física necesaria para volver a hacer deporte a alto nivel. Por ello el juego propuesto en el libro Vencer la Disfunción Eréctil se basa en condicionar y limitar la actividad sexual en función de la sintomatología presente.

Obviamente, éste no es un juego escogido al azar. Lo he diseñado con una intencionalidad muy concreta: lograr una serie de objetivos terapéuticos que le permitirán solventar la problemática de la Disfunción Eréctil.

Para alcanzar estos objetivos se proponen una serie de ejercicios que están fundamentados en técnicas propias de la Terapia Breve Estratégica. La Terapia Breve Estratégica es un modelo psicoterapéutico centrado en soluciones, es decir, no se enfoca tanto en entender los problemas, en entender los “por qué”, sino en buscar directamente soluciones prácticas para estos. Se podría decir que en vez de enfocarse en el “por qué” se enfoca en el “para qué”.

La idea de aplicar estas técnicas de Terapia Breve Estratégica desde un juego, tiene la finalidad de crear un contexto ameno y divertido para realizar estos ejercicios prácticos propuestos en sus relaciones sexuales. De este modo, lo que se pretende con este juego, es disfrazar estas técnicas terapéuticas, para que mientras usted se divierta jugando a este simpático juego, sin darse cuenta, sin pensar en ello, estará realizando estos ejercicios que le conducirán a solventar la Disfunción Eréctil. Así, el trabajo terapéutico se realiza implícitamente mediante el juego.

El juego a realizar debe adecuarse a cada cliente porque la Disfunción Eréctil no es igual en todos los hombres. En consulta me encuentro con personas que han padecido Disfunción Eréctil en alguna ocasión durante los últimos meses y personas que padecen Disfunción Eréctil desde hace más de 40 años. En función del nivel de gravedad de la Disfunción Eréctil, el juego aplica unas normas u otras. El juego parte de cinco niveles distintos de gravedad de Disfunción Eréctil, según el momento en que se presenta, y en función de estos se pueden establecer hasta 10 tipos de variaciones de las normas. Las normas irán evolucionando en función del grado de  recuperación. Con la intencionalidad de que el juego se adapte a las necesidades del hombre con Disfunción Eréctil, para que este pueda jugar desde la comodidad y la tranquilidad; sin forzarse ni exigirse.

 

Ilustración de libro Vencer la Disfunción Eréctil ©

Haciendo un símil, la funcionalidad del juego propuesto en el libro es semejante a la funcionalidad de la rehabilitación de un deportista que se ha lesionado, por ejemplo una rodilla. No todas las lesiones de rodilla son iguales. Dependiendo del tipo de lesión, deberá realizar unos ejercicios de rehabilitación u otros.  Obviamente un deportista lesionado no debe hacer deporte a alto nivel porque eso sería perjudicial para la recuperación de su lesión, pero tampoco debe permanecer en un reposo absoluto ya que esto le atrofiaría aún más la pierna. Lo que debe hacer el deportista lesionado, son ejercicios de rehabilitación adecuados a su tipo lesión, para que le ayuden a reactivar la pierna lesionada y recuperar cuanto antes la forma física necesaria para volver a hacer deporte a alto nivel.

Al igual que el deportista lesionado, el hombre con Disfunción Eréctil no debe hacer “deporte de competición”, pero tampoco debe permanecer en un reposo absoluto. Lo que debe hacer son unos ejercicios de rehabilitación adecuados a su tipo “lesión”, para que le ayuden a reactivar la “pierna lesionada” y recuperar cuanto antes la forma física necesaria para volver a hacer deporte a alto nivel. Por ello el juego propuesto en el libro Vencer la Disfunción Eréctil se basa en condicionar y limitar la actividad sexual en función de la sintomatología presente.

Obviamente, éste no es un juego escogido al azar. Lo he diseñado con una intencionalidad muy concreta: lograr una serie de objetivos terapéuticos que le permitirán solventar la problemática de la Disfunción Eréctil.

Para alcanzar estos objetivos se proponen una serie de ejercicios que están fundamentados en técnicas propias de la Terapia Breve Estratégica. La Terapia Breve Estratégica es un modelo psicoterapéutico centrado en soluciones, es decir, no se enfoca tanto en entender los problemas, en entender los “por qué”, sino en buscar directamente soluciones prácticas para estos. Se podría decir que en vez de enfocarse en el “por qué” se enfoca en el “para qué”.

La idea de aplicar estas técnicas de Terapia Breve Estratégica desde un juego, tiene la finalidad de crear un contexto ameno y divertido para realizar estos ejercicios prácticos propuestos en sus relaciones sexuales. De este modo, lo que se pretende con este juego, es disfrazar estas técnicas terapéuticas, para que mientras usted se divierta jugando a este simpático juego, sin darse cuenta, sin pensar en ello, estará realizando estos ejercicios que le conducirán a solventar la Disfunción Eréctil. Así, el trabajo terapéutico se realiza implícitamente mediante el juego.

El juego a realizar debe adecuarse a cada cliente porque la Disfunción Eréctil no es igual en todos los hombres. En consulta me encuentro con personas que han padecido Disfunción Eréctil en alguna ocasión durante los últimos meses y personas que padecen Disfunción Eréctil desde hace más de 40 años. En función del nivel de gravedad de la Disfunción Eréctil, el juego aplica unas normas u otras. El juego parte de cinco niveles distintos de gravedad de Disfunción Eréctil, según el momento en que se presenta, y en función de estos se pueden establecer hasta 10 tipos de variaciones de las normas. Las normas irán evolucionando en función del grado de  recuperación. Con la intencionalidad de que el juego se adapte a las necesidades del hombre con Disfunción Eréctil, para que este pueda jugar desde la comodidad y la tranquilidad; sin forzarse ni exigirse.

 

Ilustración de libro Vencer la Disfunción Eréctil ©

CONDICIONES DEL JUEGO

CONDICIONES DEL JUEGO

Todo juego tiene sus normas, este no es una excepción y su cumplimiento es fundamental para alcanzar el objetivo terapéutico deseado.

La comprensión de las normas del juego puede resultar un poco confusa en una primera lectura rápida. Por ello es necesario leer las instrucciones y las normas del juego sin prisas, dedicando toda la atención necesaria y repitiendo la lectura las veces que sean convenientes. Es muy importante que ambos miembros de la pareja tengan un perfecto conocimiento de las normas, ya que estas son las que de manera indirecta, dan cabida y forma a las técnicas terapéuticas de la TBE.

Por ello, aunque algunas normas puedan parecer absurdas, innecesarias o exageradas, se deben acatar meticulosamente. Jugar ignorando alguna norma o hacienda alguna pequeña variación de estas, posiblemente pueda satisfacer alguna necesidad caprichosa de un instante puntual, pero probablemente le estará alejando del objetivo terapéutico al que está destinado este juego.

Porque en el momento en que dejan de cumplirse las normas, el juego deja de ser terapéutico y se convierte simplemente en un juego; que puede ser divertido, sí, pero entonces pierde su utilidad para la Disfunción Eréctil.

En ocasiones puede ser difícil obedecer las normas. El juego implica una serie de limitaciones en la actividad sexual y al mismo tiempo, por la naturaleza del juego, puede despertar el instinto erótico. Se pueden crear situaciones en que el instinto está muy despierto, pero las normas del juego pueden impedir darle a este la satisfacción que en ese instante necesita. Esta situación se puede dar; mejor dicho, se va a dar. De hecho es necesario que se de. Es parte del proceso terapéutico y por ello se debe superar. Se debe ser capaz de reprimir ese instinto, es necesario.

La eficacia del juego depende estrechamente del cumplimiento de las normas.

Se podría hacer un símil con un jugador de fútbol al que le han operado la rodilla y le dicen que debe estar tres meses sin jugar a fútbol. Cuando lleva dos meses ya no le duele la rodilla y se siente capaz y con ganas de jugar a fútbol, pero aún así debe seguir sin jugar a fútbol. Si rompe las normas de su médico y juega a fútbol… ¿Tú que crees que le sucederá?…. pues claro!!! Además volverá a empezar de cero o peor.

Todo juego tiene sus normas, este no es una excepción y su cumplimiento es fundamental para alcanzar el objetivo terapéutico deseado.

La comprensión de las normas del juego puede resultar un poco confusa en una primera lectura rápida. Por ello es necesario leer las instrucciones y las normas del juego sin prisas, dedicando toda la atención necesaria y repitiendo la lectura las veces que sean convenientes. Es muy importante que ambos miembros de la pareja tengan un perfecto conocimiento de las normas, ya que estas son las que de manera indirecta, dan cabida y forma a las técnicas terapéuticas de la TBE.

Por ello, aunque algunas normas puedan parecer absurdas, innecesarias o exageradas, se deben acatar meticulosamente. Jugar ignorando alguna norma o hacienda alguna pequeña variación de estas, posiblemente pueda satisfacer alguna necesidad caprichosa de un instante puntual, pero probablemente le estará alejando del objetivo terapéutico al que está destinado este juego.

Porque en el momento en que dejan de cumplirse las normas, el juego deja de ser terapéutico y se convierte simplemente en un juego; que puede ser divertido, sí, pero entonces pierde su utilidad para la Disfunción Eréctil.

En ocasiones puede ser difícil obedecer las normas. El juego implica una serie de limitaciones en la actividad sexual y al mismo tiempo, por la naturaleza del juego, puede despertar el instinto erótico. Se pueden crear situaciones en que el instinto está muy despierto, pero las normas del juego pueden impedir darle a este la satisfacción que en ese instante necesita. Esta situación se puede dar; mejor dicho, se va a dar. De hecho es necesario que se de. Es parte del proceso terapéutico y por ello se debe superar. Se debe ser capaz de reprimir ese instinto, es necesario.

La eficacia del juego depende estrechamente del cumplimiento de las normas.

Se podría hacer un símil con un jugador de fútbol al que le han operado la rodilla y le dicen que debe estar tres meses sin jugar a fútbol. Cuando lleva dos meses ya no le duele la rodilla y se siente capaz y con ganas de jugar a fútbol, pero aún así debe seguir sin jugar a fútbol. Si rompe las normas de su médico y juega a fútbol… ¿Tú que crees que le sucederá?…. pues claro!!! Además volverá a empezar de cero o peor.